Antecedentes del Derecho Laboral

Antecedentes del Derecho Laboral

Cuando la doctrina habla de antecedentes del derecho laboral, se refiere a que, si bien el derecho del trabajo posee una fuente legal, requiere de un precedente extra-jurídico que determina su existencia: el trabajo humano. Este concepto no es inmutable, pues a lo largo de la historia de la humanidad ha evolucionado adoptando diversas formas. En consecuencia, en esta publicación se revisará como el trabajo humano se desarrolló desde una fase primitiva hasta llegar a convertirse en un elemento del régimen capitalista.

Evolución histórica del trabajo.


En la evolución histórica del trabajo de las personas, referida a la cultura occidental, suelen distinguirse, por lo general, cuatro etapas claramente diferenciadas:

  • Trabajo Primitivo Libre,
  • Período de la Esclavitud,
  • Régimen de las corporaciones, y
  • Trabajo libre dentro del régimen capitalista.
Analicemos inmediatamente cada uno de los antecedentes del Derecho Laboral:

Trabajo Primitivo Libre.


En los albores de la humanidad el hombre vaga libremente por el mundo, subsistiendo solamente de la recolección de frutos no cultivados, conducta que, obviamente desarrolla con un neto afán de supervivencia.

Posteriormente, comienza a desarrollar el arte de la caza, a raíz de lo cual comienza la convivencia en grupos alrededor de un líder, que encabeza un grupo de cazadores, capaces de proveer la alimentación a la tribu, aunque, de igual modo, sólo sobreviven los más fuertes y capaces.

A poco andar, la inteligencia humana le permite establecer una relación de causa a efecto entre los vegetales y las semillas desechadas, aprendiendo el cultivo de árboles primero, y de plantas después.

Casi simultáneamente aprende a domesticar animales, lo que junto a la incipiente agricultura le permite establecer asentamientos dejando así la vida nómada.

Lo anterior, es decir, el permanecer un tiempo más prolongado en un mismo lugar le permite desarrollar su creatividad, iniciándose de este modo el lento camino en la evolución de la "inteligencia humana".

Las agrupaciones humanas comienzan a crecer, creándose múltiples relaciones de interdependencia entre sus habitantes, sin embargo, en un primer momento el hombre se limita a producir lo necesario para su mantenimiento y el de su familia.

Período de la Esclavitud.


Lamentablemente, este desarrollo de la humanidad hace aparecer un rasgo negativo, el que hasta el día de hoy no hemos logrado superar, "la ambición" y el "deseo de poder".

Así, los pueblos con un mayor grado de desarrollo o "espíritu guerrero", invaden a sus vecinos con el ánimo de apropiarse de sus tierras y sus bienes.

Pero no sólo se apropian de los bienes materiales, sino que también de la persona de los vencidos, dando nacimiento a la ESCLAVITUD, que se define, acertadamente, como "la apropiación del hombre por el hombre".

En este período, la mayor parte del trabajo manual es efectuado por los esclavos, originándose el concepto o idea de que el trabajo manual es denigrante. en esta realidad, hablar de derechos de los trabajadores y esclavitud es un sinsentido. Claramente, el derecho laboral aun está lejos de nacer.

Este concepto tiene su más claro modelo en la antigua Grecia, en la que se dice que nace la cultura occidental, al descubrir el pensamiento como único medio de lograr el descubrimiento de la verdad y la inteligencia última de las cosas.

El rasgo característico de la cultura helena es el hallazgo del conocimiento libre y desinteresado.

El interés de saber del pueblo griego no se encuentra deformado por intenciones morales, políticas o religiosas, y dirige su inquietud al conocimiento, al estudio, a la profundización del ser mismo, a buscar una interpretación y una razón al mundo y a la vida humana.

La conducta y las aspiraciones de los filósofos pensadores de Grecia aparece en los primeros tiempos como extravagante, pero posteriormente surge la creencia popular de que el pensador traspasa los límites trazados al espíritu humano por la envidia de los dioses.

Aristóteles enseñaba que la meditación filosófica aparece como un manantial de una dicha más elevada y de una libertad más completa, como una superior actividad del hombre, que lo distingue de los animales.

Así, la creencia en la eminente dignidad de la ciencia crea un abismo entre la élite y la masa, entre aquellos que tenían el tiempo necesario para la meditación, y aquellos que no podían tenerlo. El verdadero destino del hombre está en el desenvolvimiento de la razón.

Pero no se puede lograr este fin si se halla privado de independencia, y si la libertad de vivir a su manera se halla coartada, si de una u otra forma depende del capricho de otro, al estarle sometido.

Sin embargo, en la Grecia Clásica el comercio interurbano e internacional desempeña un papel básico, ya que la ciudad griega sólo puede prosperar con su ayuda, toda vez que carece de materias primas y de un fundamento agrícola que le permita bastarse a sí misma. La industria se convierte en una necesidad básica en su estructura, llevando a un gran desarrollo de los oficios, los que se multiplican, organizan y especializan.

Lo anterior, sin embargo, no significa que las relaciones de trabajo adquieran el carácter de elemento vital en la ciudad, por cuanto la esclavitud surge en Grecia como una función del comercio y de la industria, siendo en las ciudades industriales, por ejemplo, la población servil más numerosa que la población libre.

A pesar de que existían obreros libres, ellos no adquieren mayor importancia, ya que la actividad industrial se caracteriza mayormente por los talleres y las canteras de esclavos, los cuales, indistintamente podían pertenecer a particulares o al propio estado, quien los emplea para la ejecución de las obras públicas.

El motor de la vida económica de la sociedad es el esclavo, quien no tiene personalidad, pertenece al amo como una cosa o un objeto.

La abundancia de mano de obra esclava crea condiciones especiales en la economía, desde el punto de vista de la técnica, ya que hace inútil la construcción de máquinas, creando un "círculo vicioso", ya que, a su vez, la inexistencia de máquinas hace necesaria la existencia de esclavos.

Lo anterior también impide la evolución de la industria hacia estadios más avanzados. La agrupación de obreros jamás pasó de la etapa del taller, de pequeñas dimensiones, y en los cuales el trabajo se hace casi enteramente a mano.

La influencia de la esclavitud también se extiende al orden psicológico, así, el desprecio por los esclavos se hace extensivo a las funciones que desempeñan, y que representa su razón de ser en la sociedad: el trabajo manual.

Roma, por su parte, se desarrolla bajo la influencia griega, y respecto de la esclavitud, ésta no es discutida, subsistiendo el desprecio por el trabajo.

Así las cosas, la esclavitud continúa siendo la base de la vida económica, pese a que en Roma también existieron obreros libres.

El genio de los romanos se expresó en el derecho, sin embargo, ningún problema se plantea desde el punto de vista jurídico respecto del esclavo, ya que éste es una cosa, desprovista de toda personalidad jurídica, o atributo de la personalidad, por lo tanto, no hay una relación de trabajo entre el amo y el esclavo, ya que el trabajo es sólo una consecuencia del derecho de propiedad ejercido sobre un hombre. y el producto del trabajo del esclavo es un fructus civilis que pertenece al dueño de la cosa, es decir, al dueño del esclavo.

Toda esta concepción comienza a variar lentamente con la aparición de una nueva religión, la que da origen a una nueva revolución, hecha sin violencias, sino actuando en silencio en el espíritu del hombre.

El cristianismo no era una doctrina social ni política, sino sólo una religión que buscaba la salvación del hombre, pero que, sin embargo, implicaba nuevos principios sociales y políticos. En este sentido, el cristianismo no se pronuncia respecto al trabajo o la esclavitud. Menos aún, no es posible asociar cristianismo con derecho laboral o derechos de los trabajadores.

Proclamó el cristianismo la existencia de un nuevo y único Dios, que sólo reclamaba la necesidad de adoración de todos los hombres, SIN NINGUNA DISTINCIÓN, griego y judío, esclavo y libre, hombre y mujer, viendo en todos la misma imagen de Dios, la misma calidad de criaturas dotadas de razón, que tenían la misma participación en la comunidad fundada por Cristo.

Los griegos y romanos también habían vislumbrado la dignidad de la persona, pero la circunscribe a un sector de la sociedad, la descubrieron sólo para el ciudadano, negándose al esclavo y al trabajador.

Los principios del cristianismo van destruyendo los fundamentos primordiales de la esclavitud, proclamando que el trabajo efectuado por el esclavo estaba lleno de contenido y significado.

Lo anterior no lo demuestra con disquisiciones doctrinarias o abstractas, sino con los hechos y no con palabras, sino por una experiencia vital, ya que sería el mismo Jesús quién demostraría que el trabajo es digno incluso del Hijo de Dios, quién fue obrero, hijo de obrero, viviendo toda su existencia en un medio de gentes modestas, rodeado de trabajadores pobres.

Lentamente, y con el paso de los siglos el cristianismo logra penetrar en el Imperio Romano, y aunque la esclavitud subsiste, el trabajo ya no es una actividad de seres inferiores, y el esclavo ya no es una cosa, sino un ser humano.

Sin embargo, las invasiones bárbaras hacen, en algunos períodos retroceder estos principios, los que sólo logran afianzarse en la Edad Media.

Régimen de las Corporaciones.


Durante la denominada Edad Media, que se extendió de los siglos V al XV, el principal régimen del trabajo va a ser el de las Corporaciones o Gremios, cuyo origen es oscuro, pero hay indicios de su existencia ya en el siglo XI, tales como los tejedores de Maguncia, en 1099; los mercaderes de pescado de Worms, en 1106; los zapateros de Wurzburgo, en 1128 y los tejedores de cobertores en Colonia, en 1149.

La principal característica de los gremios es la satisfacción de necesidades esenciales, como la alimentación y el vestuario. Así, llegaron a tener un carácter indispensable dentro de la sociedad.

La concepción cristiana del trabajo, como función social digna y honrosa, útil y necesaria hace que las escasas fórmulas jurídicas del derecho greco romano aumenten considerablemente y tengan, evidentemente, un contenido distinto.

Los gremios tenían una base esencialmente cristiana, desarrollando su trabajo bajo los auspicios de un Santo Patrono.

El trabajo aún se efectúa en forma artesanal y familiar, agrupándose los trabajadores alrededor de un jefe, que hace las veces de padre de familia.

El éxito del gremio radica en que aseguraba trabajo a todos sus asociados, regulando, además, el mercado gracias a los monopolios y privilegios de que gozaba, y en que el trabajo que se realizaba era totalmente autónomo, sin vínculos de subordinación, salvo aquellos entre aprendiz y maestro.

Sin embargo, siguiendo el curso inexorable de todas las cosas, a su apogeo sigue su declinación, debido en parte a la desaparición de los principios que los inspiraban y de los sentimientos religiosos, aparte de que los gremios comienzan a mostrar ambiciones políticas desmedidas.

Todo lo anterior lleva al desprestigio de los gremios, sumado a factores externos tales como las políticas mercantilistas de las potencias europeas, el oro de América, las primeras manufacturas y finalmente a la Revolución Francesa.

Trabajo Libre en el Régimen Capitalista.


Luego, o más bien junto a la crisis de la cristiandad medieval, proceso que se produce entre los siglos XIV y XV, con una visión del mundo que se aleja del teocentrismo, se desarrolla una nueva revolución, la que afectó a todos los ámbitos de la cultura, y que culmina con un nuevo tipo de civilización, complejo, formado por elementos espirituales y materiales, que el mundo conoce como CAPITALISMO.

Diversos fueron los factores que intervinieron en la concreción de esta nueva etapa en la evolución de la sociedad, y, en lo que a nosotros respecta, del trabajo. Con todo, aun no es posible hablar de derecho laboral y menos de derechos de los trabajadores.

Las concepciones religiosas y el nacimiento de la burguesía.


Cuando la concepción que el hombre tenía de la vida en el medievo comienza a cambiar, el mundo parece olvidarse un poco de Dios, para así conquistar todos los rincones del planeta y convertirlo en su propio paraíso, ejerciendo en él su dominio.

Pero lo anterior ya no por una cuestión de fe, sino en un ejercicio de la voluntad, el esfuerzo y la razón humanas.

Así, la economía, que antes estaba regulada y destinada a satisfacer sólo las necesidades de consumo, lentamente entra en una etapa acumulativa, para convertirse posteriormente en una economía adquisitiva.

En el renacimiento ya no tiene el predominio el hombre espiritual o contemplativo, sino el hombre práctico y de acción.

Con la Reforma, de Martín Lutero, que en el fondo es una de las muestras de la reacción contra la vida contemplativa, se condena la vida de las órdenes religiosas, y se ensalza la vida de acción, destruyendo con ello la jerarquía medieval, ya que ésta considera la contemplación como una meta superior al trabajo.

En la concepción de Lutero, el hombre se emancipa de la autoridad religiosa y toda forma sacramental colectiva. La relación con Dios se convierte en algo particular y subjetivo.

Igualmente, Calvino hace su aporte a esta concepción, con una reforma mucho más radical, que exalta el nombre de Dios mediante el estricto cumplimiento de los deberes profesionales.

La concepción que el protestantismo representa extiende su influjo a gran parte de Europa, afianzándose principalmente en los países sajones, y desde Inglaterra alcanza a las tierras americanas, donde informa la vida de importantes sectores de los Estados Unidos.

Por su parte, en los países católicos que permanecen fieles a la autoridad de la iglesia, con el renacimiento, en que el hombre es el centro de toda actividad, comienza a evolucionar también el concepto de vida en que se piensa que la civilización es sólo el fruto de la razón. Se afirma en el siglo XVIII que Dios creó el mundo, pero que se lo ha entregado al hombre para que lo gobierne.

Los factores económicos.


En la edad media, la riqueza está representada por la tierra, y cuando dicha riqueza comienza a ser sustituida por el dinero, se comienza a entrar en la etapa del capitalismo. Sin embargo, en este momento histórico, todavía no se produce el nacimiento del derecho laboral.

El dinero es un agente material, pero es el comercio el que sirve al burgués de campo de operaciones para que aplique el dinero a sus intereses.

Todo lo anterior encuentra campo fecundo con los nuevos descubrimientos geográficos, que ponen término definitivo a los mercados locales, en los que la producción se regía únicamente por el consumo local, ahora es necesario producir, y también buscar los consumidores.

Igualmente, se fueron perfeccionando los instrumentos del comercio, naciendo en primer lugar “La Feria”, para permitir la reunión de los mercaderes que venían de toda Europa.

La multiplicidad de monedas empleadas en las transacciones celebradas en la feria, llevó a idear las operaciones de cambio internacional.

Por otra parte, a fin de facilitar las transacciones comerciales, evitando el porte de grandes sumas de dinero, nació la "Letra de Feria ", que es el antecedente remoto de la actual letra de cambio.

Todo lo anterior llevó a la acumulación del capital, lo que a su vez permitió dar origen a la llamada "Revolución Industrial", que tuvo su comienzo en la Inglaterra del siglo XVII.

Conjuntamente con lo antes expuesto, se produjo un proceso de cerramiento o cercado de los campos libres, que hizo que grandes masas de campesinos emigraron a la ciudad, proveyendo grandes cantidades de mano de obra barata.

Finalmente, se desencadenó una verdadera fiebre de invenciones mecánicas, que aceleró el proceso de industrialización, y con ello de acumulación de riquezas. La Revolución industrial fue un período histórico comprendido entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, en el que Gran Bretaña en primer lugar, y el resto de Europa continental después, sufren el mayor conjunto de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales de la historia de la humanidad, desde el neolítico.

La economía fundada en el trabajo manual cedió paso a por otra regida por la industrialización y la manufactura a gran escala. La Revolución inicio con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro. La expansión del comercio fue favorecida por la mejora de las rutas de transportes y posteriormente por el nacimiento del ferrocarril.

Los más trascendentes adelantos tecnológicos fueron la máquina de vapor, además de la llamada "Spinning Jenny". Esta última fue una poderosa máquina dedicada a la producción textil. El desarrollo y construcción de innovadoras maquinarias en los primeros años del siglo XIX facilitó el crecimiento de otras industrias y permitió el aumento de la producción.

Así es que en la Revolución industrial se aumenta la cantidad de productos y se disminuye el tiempo en el que estos se realizan, dando paso a la producción en serie, ya que se simplifican tareas complejas en varias operaciones simples que pueda realizar cualquier obrero sin necesidad de que sea mano de obra cualificada, y de este modo bajar costos en producción y elevar la cantidad de unidades producidas bajo el mismo costo fijo.

Demás está decir que en esta época es el dinero el centro de interés, y no el hombre. Además, es una época en que el hombre debe competir contra las máquinas. En suma, pensar siquiera en el concepto de derecho laboral es irreal.

La economía pasa a tener como fin primario la producción indefinida, y no el consumo y las necesidades humanas. Ya no es la economía la que existe para el hombre, sino el hombre para la economía.

El sistema económico se deshumaniza, ya que la finalidad de todo el sistema no es servir al hombre, sino la ambición material.

Así, con el maquinismo existe una masa constante de desocupados, y los que logran una ocupación perciben salarios de hambre y explotación en su trabajo, con jornadas de hasta 15 horas, en las que incluso se explota a los niños.

El régimen capitalista quita al hombre no solo su justa recompensa material, sino también su incentivo espiritual, pasando a ser la existencia del trabajador incompatible con la dignidad humana, existiendo una verdadera servidumbre oculta bajo una apariencia de igualdad legal.

Así las cosas, no es de extrañar que el trabajador se rebele contra tan indignas condiciones.

En una primera etapa, en forma intuitiva o instintiva se rebela contra las máquinas, que representan la exterioridad del sistema, es decir, el enemigo visible que los priva de sus ya miserables ocupaciones.

En una segunda fase, en los diversos países los trabajadores tienden a agruparse en consonancia con su propia idiosincrasia nacional, con su constitución política y con su propia experiencia histórica. Así, se dice que, por ejemplo, en Inglaterra, acorde con el carácter empírico del pueblo inglés, muy poco inclinado a disquisiciones doctrinarias, lo cual, sumado a una actitud más condescendiente de la alta burguesía, que en mayor medida comprende la justicia de las peticiones de la clase obrera, la evolución del movimiento obrero se dirige hacia una política de apaciguamiento que obtiene el mejoramiento de los estándares de vida, el contrato colectivo y la organización de los trade-unions. En cambio, en Francia el movimiento social es más confrontacional, existe una continua agitación que se expresa en huelgas, revueltas y atentados revolucionarios.

Los principios de la Revolución Francesa, de una sociedad compuesta por hombres libres no fue sino la forma adoptada por la burguesía para continuar la dominación del feudalismo, ya que la libertad fue formalmente declarada, pero de ella gozaban sólo unos pocos, aun cuando debe reconocerse que sembró en el espíritu del pueblo, y entre los obreros el ideal de la dignidad del hombre.

Ante un estado de cosas así es natural que el hombre se rebele y exija que se modifique una legislación que consagra la igualdad y la libertad, sin considerar que la realidad es desigualdad y esclavitud.

Debido la presión de las masas obreras ya organizadas en partidos políticos o sindicatos se dictan las primeras leyes del trabajo, que generalmente tienen la característica de ser fragmentarias, de emergencia e innovadoras. Así, por ejemplo, se dictan leyes de protección al trabajo del menor, de reducción de la jornada de trabajo, de descanso dominical, etc.

De esta forma, comienza a echarse las bases del Derecho Laboral, sobre preceptos inorgánicos, rudimentarios y sin sistematización alguna, pero que, sin embargo, tienen como virtud el revelar la necesidad de legislar sobre el trabajo, lo que se traduce, aunque en forma muy oscura, en un renacer del sentido esencial de la ley, tendiente a la búsqueda del bien común.

Por ejemplo, Debe tenerse presente que ya en 1803 en Inglaterra se dictó la primera ley de orden laboral, como iniciativa de Robert Peer, quien bajo el lema “Salvemos a los niños”, logró la dictación de una ley que limitaba la jornada de los menores a 12 horas diarias, siendo esta la primera ley que interviene directamente la relación laboral.

Sin embargo, se trata sólo de leyes aisladas, destinadas a solucionar conflictos específicos, ya que los gobiernos, a partir del último tercio del Siglo XIX, comenzando con el Canciller Bismarck en Alemania, lo que hacen es dictar leyes que no van a intervenir directamente la relación laboral, sino que más bien tienen un carácter social, en relación con el trabajo. Tales como leyes de seguro contra accidentes, de enfermedades, de vejez e invalidez, de habitaciones obreras, etc.

Nacimiento del Derecho Laboral.


A comienzos del Siglo XX se van a producir dos hechos históricos que, a nuestro entender, van a ser decisivos en el nacimiento del Derecho Laboral: el estallido de la Primera Guerra Mundial, y la Revolución Rusa.

El término Revolución rusa agrupa a todos los sucesos que condujeron de manera espontánea al derrocamiento del régimen zarista y a la instauración preparada de otro leninista a continuación entre febrero y octubre de 1917, y que se basa en ideas que nunca habían sido llevadas a la práctica en el mundo, como es la de la abolición de la propiedad privada, pasando a ser todos los medios de producción de propiedad del Estado, lo que suponía que iba a terminar con las diferencias de clases, pasando a ser todas las personas realmente iguales, ya que todos debían trabajar para el Estado, quien, a su vez, se preocuparía de satisfacer todas las necesidades de las personas, en un régimen de plena igualdad.

Por su parte, la Primera Guerra Mundial, que se extendió entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. Involucró a todas las grandes potencias del mundo, que se alinearon en dos bandos enfrentados: por un lado, los Aliados de la Triple Entente, compuesta por Francia, Reino Unido y Rusia y, por otro, las Potencias Centrales de la Triple Alianza, conformada por Alemania, Austria-Hungría e Italia.

En el transcurso del conflicto fueron movilizados más de 70 millones de militares, lo que lo convierte en una de las mayores guerras de la Historia, muriendo más de 9 millones de combatientes.

Después del término de la guerra, se funda la Organización Internacional del Trabajo en 1919, en el marco de las negociaciones que se abrieron en la Conferencia de la Paz realizada primero en París y luego en Versalles al finalizar la Primera Guerra Mundial.

Las negociaciones tuvieron la particularidad de ser realizadas entre los gobiernos, los sindicatos y las organizaciones de empleadores, quienes tomaron como base la Asociación Internacional para la Protección Legal de los Trabajadores que había sido fundada en Basilea en 1901 para establecer la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo, adoptada por la Conferencia de Paz de París e incluida en la sección XIII del Tratado de Versalles.

Estimamos que ante la casi absoluta falta de regulación de la relación Capital- Trabajo, a los estados no les quedó otra alternativa que ofrecer a los trabajadores combatientes un “nuevo orden” en estas relaciones, como forma de evitar que éstos intentarán cambiar el modelo económico imperante por otro igual o similar a aquel que se había instaurado en Rusia, y dicho rol lo va a cumplir la OIT, y la nueva legislación del trabajo, que se comenzará a dictar en casi todos los países.

Es por lo anterior que algunos autores dicen que el Derecho del Trabajo NO nace para proteger a los trabajadores como parte más débil de la relación Capital-Trabajo, sino como una forma de contener las aspiraciones de instaurar un modelo económico distinto.

Sin embargo de lo anterior, estimamos que de todas formas, es en este momento cuando este nuevo derecho entra en una etapa más avanzada de su desarrollo: Se reconoce el derecho de asociación, el contrato colectivo de trabajo, la legislación previsional, y la jurisdicción del trabajo, todo ello en concordancia con el gran principio contenido en la Constitución de la OIT: “El trabajo no es una mercancía”, por lo que la legislación civil que durante gran parte de la historia de la humanidad había sido la encargada de regular esta relación no es suficiente, y de allí que sea necesario crear una legislación distinta, inspirada en sus propios principios, acordes con el ya señalado.

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